Cómo integrar la huerta terapéutica en tu vida diaria - Peppo | Boutique Botánica

Cómo integrar la huerta terapéutica en tu vida diaria

Imaginá esto: tus manos hundiéndose en la tierra húmeda, el aroma fresco de la menta cuando la rozás al regar, el sonido de los pájaros mientras acomodás los almácigos. La huerta es mucho más que un rincón productivo: puede convertirse en tu refugio terapéutico de cada día, un lugar donde el tiempo se afloja y todo vuelve a lo esencial.

 

1. Empezá pequeño, pero constante
No hace falta tener un gran terreno. Podés empezar con tres macetas en el balcón o una cajonera de madera. Lo importante no es la cantidad, sino el ritual de dedicar unos minutos al día para cuidar lo que sembraste.

2. Ritual de los sentidos

  • Vista: observá los cambios sutiles, una hoja nueva, una flor diminuta.

  • Oído: escuchá cómo el agua moja la tierra, cómo el viento mueve las hojas.

  • Olfato: frotá hojas de albahaca, romero o menta y dejá que el aroma te devuelva al presente.

  • Tacto: meté las manos en el compost, tocá la textura de la cascarilla de arroz o del musgo.

  • Gusto: probá una hoja de rúcula recién cortada o una frutilla de tu propia planta.

3. Actividades terapéuticas simples para cada día

  • Lunes: sembrar unas semillas (rábanos, rúcula, lechuga crecen rápido).

  • Miércoles: revisar humedad de la tierra y regar con calma.

  • Viernes: cosechar aromáticas para cocinar algo rico.

  • Domingo: sentarte con un mate al lado de la huerta solo a observar, sin hacer nada.

4. La huerta como pausa
Podés usar tu huerta como un “reloj” diferente: en vez de medir el tiempo en minutos, lo medís en brotes. Una semana ya ves hojas, en un mes aparecen flores, en tres meses disfrutás de tu cosecha. Esa lentitud es medicina.

5. Un espacio compartido
La huerta terapéutica se potencia cuando se comparte: invitar a Piero a sembrar un par de semillas, cocinar con lo cosechado, regalar un ramito de perejil fresco a una vecina. Lo terapéutico también está en ese lazo que crece con otras personas.

 

La huerta es una maestra silenciosa: nos recuerda que no todo florece rápido, que cada estación tiene su tiempo y que, aun en el frío del invierno, siempre hay algo latiendo bajo tierra. Integrarla en tu día es un regalo para vos misma, un pequeño acto de cuidado que se multiplica en bienestar.

 

¿Querés empezar tu propia huerta terapéutica? En Peppo tenemos semillas, sustratos y, sobre todo, ganas de acompañarte en este viaje verde.

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