Día del Medio Ambiente: cuidar empieza en el pedacito de tierra que habitamos

Cuando hablamos de ambiente solemos pensar en problemas enormes: Cambio climático, contaminación de los océanos, pérdida de bosques, sequías, especies que desaparecen. Son asuntos tan grandes que fácilmente podemos sentir que lo que hagamos desde nuestra casa tiene poca importancia.

Pero el ambiente también es esto: El suelo debajo de nuestros pies, el agua que usamos, los insectos que visitan una flor, las hojas que caen en otoño, los residuos que generamos, las plantas que elegimos para un jardín.

Nuestro pequeño pedazo de mundo también forma parte del sistema.

Y quizás por eso el Día Mundial del Medio Ambiente puede servir menos como una fecha para repetir consignas y más como una oportunidad para mirar cómo estamos habitando el lugar que nos toca cuidar.

 
El suelo es mucho más que la superficie donde plantamos

En jardinería es fácil pensar en la tierra principalmente como el soporte de las plantas. Pero un suelo saludable es un ecosistema lleno de organismos, materia orgánica, aire y agua.

Cuando mantenemos una parte del terreno permeable, el agua de lluvia puede infiltrarse en lugar de correr rápidamente hacia calles y desagües.

Cuando incorporamos compost o materia orgánica bien procesada, devolvemos al suelo parte de los nutrientes y materiales que alguna vez provinieron de él.

Y cuando evitamos removerlo o compactarlo innecesariamente, ayudamos a conservar su estructura.

Esto se vuelve especialmente interesante en las ciudades, donde cada vez más superficie termina cubierta por hormigón, baldosas, asfalto u otros materiales impermeables.

Un pequeño jardín no va a resolver por sí mismo los problemas ambientales de una ciudad, pero sí puede conservar algo que cada vez escasea más: suelo vivo capaz de recibir agua y sostener vida.

No todas las hojas caídas son basura

Durante años aprendimos que un jardín prolijo era un jardín donde había que retirar rápidamente todo lo que caía: Hojas, ramitas, restos de poda. Pero en la naturaleza esos materiales forman parte del ciclo.

Las hojas secas pueden utilizarse como cobertura en algunos canteros, incorporarse al compost o dejarse descomponer en sectores adecuados. A medida que se degradan, esa materia vuelve al suelo. Eso no significa abandonar el jardín ni dejar montañas de hojas húmedas sobre el césped.

Significa empezar a distinguir entre un residuo que necesitamos retirar y un recurso que podemos volver a incorporar al sistema.

Muchas veces la diferencia está simplemente en qué hacemos con él.

Un jardín también puede alimentar otras formas de vida

Cuando elegimos plantas solemos pensar en su aspecto, cuánto crecen, dónde ubicarlas o cuánto mantenimiento necesitan.

Podemos sumar una pregunta más:

¿qué vida puede encontrar refugio o alimento acá?

Las plantas con flores pueden ofrecer recursos a diferentes polinizadores. Los arbustos pueden proporcionar refugio. Una mayor diversidad vegetal crea ambientes más complejos que un espacio compuesto únicamente por césped y superficies duras.

Esto tampoco exige transformar cada casa en una reserva natural. Puede empezar con algo tan sencillo como incorporar distintas especies, permitir que algunas plantas florezcan y reducir aplicaciones innecesarias de productos que también pueden afectar organismos que no eran nuestro objetivo.

Un jardín hermoso y un jardín con biodiversidad pueden ser exactamente el mismo jardín.

Cuidar el agua también ocurre cuando regamos

El agua potable que sale de una canilla parece inmediata, pero detrás existe toda una infraestructura para captarla, potabilizarla y distribuirla.

En el jardín podemos utilizarla con un poco más de intención.

Regar cuando la planta realmente lo necesita, hacerlo de forma profunda cuando corresponde en lugar de mojar superficialmente todos los días, mejorar los suelos para que retengan agua de manera adecuada y elegir especies compatibles con las condiciones del lugar son decisiones que reducen riegos innecesarios.

La ubicación también importa muchísimo. Una planta que necesita humedad constante colocada en un rincón abrasado por el sol y el viento probablemente nos obligue a gastar mucha más agua para mantenerla.

A veces cuidar el agua empieza mucho antes de abrir la canilla: empieza al elegir qué plantar y dónde hacerlo.

También podemos mirar lo que compramos

La jardinería tampoco queda afuera del consumo. Macetas, fertilizantes, herramientas, sustratos, tutores, plantas, productos para plagas.

Hay muchísimas cosas útiles. También podemos terminar acumulando productos que usamos una vez o reemplazando objetos que todavía cumplían perfectamente su función.

Antes de comprar algo nuevo podemos preguntarnos si realmente lo necesitamos, si podemos reparar lo que tenemos, reutilizar un recipiente, dividir una planta existente o resolver el problema de otra manera.

No hace falta convertir cada compra en una auditoría ambiental.

Alcanza con recuperar un poco la pregunta.

Cuidar no necesita ser perfecto

Quizás este sea el punto más importante.

La sustentabilidad suele presentarse como un catálogo enorme de cosas que deberíamos estar haciendo correctamente.

Separar absolutamente todos los residuos. Compostar. Cultivar alimentos. Evitar plásticos. Comprar local. Recuperar agua. Plantar especies nativas. Consumir menos.

Cuando lo vemos todo junto, cuidar el ambiente puede convertirse en otra lista imposible de cumplir.

Pero los cambios reales también se construyen acumulando decisiones pequeñas y sostenibles en el tiempo, una compostera que sí podemos mantener, un cantero que vuelve a tener suelo permeable, una compra que decidimos no hacer, un poco menos de agua desperdiciada, una planta elegida pensando también en los insectos que viven alrededor: Nada de eso necesita ser perfecto para tener valor.

En Peppo creemos mucho en esa escala, en cuidar el pedacito de mundo que tenemos cerca. Aprender cómo funciona, intervenir un poco mejor y recordar que nuestra casa, nuestro jardín y nuestra vereda también forman parte de algo mucho más grande.

El ambiente no empieza cuando llegamos a un bosque, empieza exactamente donde estamos.

Puedes seguir aprendiendo en los siguientes post:

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