Cumplir años, cuando se trata de un proyecto, se siente más como un proceso que como una fecha puntual. No es un antes y un después ordenado, ni un crecimiento constante que se pueda medir fácilmente.
Es una acumulación de decisiones, de intentos, de ajustes. De momentos en los que todo fluye y otros en los que cuesta más encontrar el rumbo.
Peppo fue creciendo así: Sin una forma perfecta, sin un camino completamente definido desde el inicio, pero con algo que se fue afirmando con el tiempo: una manera de hacer, de observar y de vincularse con lo vivo.
Cuando pensamos en crecimiento, es fácil llevarlo a lo visible: más ventas, más seguidores, más movimiento. Todo eso forma parte, y tiene su valor, no lo voy a negar.
Al mismo tiempo, hay otro tipo de crecimiento que sostiene todo lo demás.
Creció la forma de mirar las plantas. La capacidad de entender que no todo se resuelve rápido, que algunos procesos necesitan tiempo y acompañamiento. Creció la paciencia para sostener lo que no es inmediato, y aprender que esto aplica a todo lo que es parte de la naturaleza, no solo a las plantas.
También creció la comunidad, aquellas personas que vuelven, que preguntan, que confían, que encuentran en Peppo un espacio donde no se les habla desde la urgencia, sino desde el proceso.
Ese crecimiento es más lento, y justamente por eso, es más firme.
Hubo momentos de entusiasmo donde apareció la necesidad de hacer más, de expandir, de aprovechar oportunidades que parecían claras, pero en ese movimiento, también llegaron decisiones que hoy se mirarían distinto. Etapas en las que el ritmo fue más exigente de lo necesario. Intentos de sostener formas que no terminaban de encajar.
Todo eso también forma parte del camino.
Porque en cada desajuste hubo información y aprendizaje. En cada error, una forma más clara de entender qué sí tiene sentido sostener y qué no.
Las plantas enseñan algo muy simple y muy profundo: los procesos tienen un ritmo.
Cuando ese ritmo se fuerza, el crecimiento puede acelerarse por un tiempo, pero pierde calidad. La estructura se debilita, la estabilidad se resiente.
Con los proyectos pasa algo parecido: Peppo fue encontrando, de a poco, un ritmo más propio, más alineado con lo que puede sostener en el tiempo, más enfocado en construir con sentido que en crecer rápido.
Ese aprendizaje no siempre se ve desde afuera y desde adentro, debo reconocer que me costó mucho encontrarlo, y tenerlo presente, pero se siente en cada decisión.
Muchas veces me encontré queriendo comerme el mundo entero, y teniendo que frenar , para entender que todavía tenía algunas cosas por aprender, que serían indispensables para poder lograr todo eso que mi ansiedad quería tener YA.
Lo más importante para mi…
Peppo se fue construyendo con otras personas.
Con quienes llegan por primera vez y con quienes vuelven. Con quienes preguntan, prueban, dudan y comparten lo que les pasa con sus plantas.
En ese intercambio se fue formando algo que va más allá de una compra: una comunidad que aprende, que se equivoca y que ajusta.
Ese tejido es parte esencial del proyecto.
A lo largo del tiempo, algunas cosas cambian y otras se eligen sostener con más claridad.
La forma de comunicar, desde la honestidad y sin exageraciones, el respeto por los procesos naturales, incluso cuando eso implica ir más lento, la elección de productos que acompañen, en lugar de prometer soluciones inmediatas….
Cuidar es decidir constantemente, volver a mirar, ajustar y reafirmar.
Los proyectos, como las plantas, se mueven en ciclos.
Hay momentos de mayor expansión, donde todo se activa. Y hay otros donde el movimiento se vuelve más interno, más silencioso.
En esas etapas, el crecimiento sigue existiendo, aunque no sea tan visible.
Reconocer esos cambios permite acompañarlos en lugar de resistirlos.
Para mi, que mi proyecto cumpla años, también es una forma de pausa. Un momento para mirar lo recorrido y reconocer lo que fue tomando forma.
Peppo sigue creciendo, y en ese crecimiento, lo más valioso es sostener el sentido.
Seguir construyendo con coherencia, seguir aprendiendo en el proceso, seguir cuidando lo que importa.
Porque al final, crecer también es eso:
elegir cómo hacerlo.
Gracias por ser parte, y feliz cumpleaños para Peppo!
Florencia.